Una revista sobre el Magreb y en papel, ¡qué atrevimiento!

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Portada del número 1 de la revista Sabbura

ues sí, los seguidores de mi actividad profesional durante los últimos años saben que cultivo una pasión confesable: El Magreb y dentro de ese vasto territorio, el desierto del Sahara, un gigantesco espacio de nueve millones de kilómetros cuadrados que ocupa buena parte del norte de África y se extiende hasta la franja del Sahel, aunque yo sólo conozco una pequeña porción del desierto, la más septentrional, conocida también con el nombre de “Sahara Occidental”, territorio que en su día fue provincia española y hoy arrastra un largo conflicto político. Tampoco es tan pequeña esa región, baste decir que tiene una extensión superior a los 200.000 kms cuadrados, que se dice pronto, casi la mitad de España, para que se hagan una idea.

En el Magreb, fundamentalmente en Marruecos y Mauritania, he conocido gente estupenda, intelectuales, artesanos, artistas, poetas, escritores, profesionales de muy diversos oficios, algún político, funcionarios, musulmanes piadosos, etc. Después de tantos años de feliz convivencia con ellos y hablando con otros españoles enamorados como yo de las tierras magrebíes, surgió la idea de poner en marcha una revista para tratar sobre las culturas (sí, en plural) del Magreb. Ya he explicado en otras ocasiones la génesis de ´Sabbúra`, nombre de la revista, así que no voy a repetirme. En cualquier caso, y esto es lo importante, Sabbúra ya está a disposición del público en formato papel, eso sí, nada de digital.

Claro, editar una publicación sobre temas magrebíes, en idioma español, sabiendo que son los franceses los que con más dedicación y recursos se afanan desde hace décadas en trabajar e influir política y culturalmente sobre el Magreb, y además hacerlo al márgen de los circuitos oficiales, sean académicos o instituciones de diversa índole, puede parecer temerario. Vivimos en la sociedad occidental de la corrección política, los discursos enlatados, la sobredosis informativa cocinada previamente en laboratorios de manipulación social, la autocensura producida por el miedo, el amiguismo, la corrupción, las subvenciones entregadas “a los de siempre”, las injusticias adornadas con la “ayuda al desarrollo”, etc. Estas características tan ampliamente extendidas en España y que representan toda una cosmovisión posmoderna de cómo hay que hacer las cosas se me antoja una ensalada indigerible y, por tanto, soy incapaz de consumirla. Voy por libre, tengo mis propias ideas, soy crítico y a la vez dialogante y tolerante con todo y todos menos con la estupidez y ese ambiente emponzoñado y pestilente. Así que editar la revista, igual que editar libros en general, o escribir, o investigar, constituyen para mí actividades cuyos cimientos se hunden en mi compromiso irrenunciable a la libertad de pensamiento y creación, bien literaria, bien editorial, bien de programas y proyectos en los ámbitos del desarrollo social. Sé que ello me origina cierto desprecio por parte de los campeones del oportunismo político, también de algunos investigadores y académicos de postín instalados en la seguridad de sus despachos oficiales, o de ciertos personajes que pululan en los aledaños de los poderes públicos… y privados, como polillas en la noche atraídas por la luz de una lámpara encendida. En definitiva, se trata de eso, lo de siempre, los hijos de la oscuridad, amasadores de fortuna sucia acumulada con el esfuerzo ajeno, nunca propio, enriquecidos con ideas robadas, fustigadores de conciencias y voluntades, consejeros sin compromiso, ellos quieren controlar y manejar la luz, sea cual sea la fuente emisora.

Pues bien, una pequeñísima fuente emisora, apenas imperceptible, como un grano de arena, se llama Sabbúra, sí, la revista. Y me dan igual los aspectos académico e institucional, pues en ella colaboran personas de gran relieve humano, comprometidas con la verdad, sin adornos de ningún tipo y, por consiguiente, alejados de todo ese barullo que produce el mercadeo pseudocultural y su monopolización extendida al pensamiento, la ciencia, las ideas, las artes… No. La producción en todas las áreas del conocimiento humano y en sus muy diversas expresiones artísticas va más allá de consignas, de presupuestos económicos, de intereses ´socio políticos`, de presiones de diversa índole ejercidas mediante “cantos de sirena” gubernamentales, de influencias en redes sociales y otros sistemas de control, etcétera.

Tengo la fortuna de contar con amigos y amigas que defienden criterios iguales o parecidos a los expuestos aquí. Y me honran con su amistad. Personas que pertenecen a diferentes ámbitos sociales y geográficos, distintas profesiones y situaciones personales; pero con un objetivo que se nos hace común: aprender y conocer más sobre el Magreb, profundizar en sus culturas y divulgarlas, establecer ámbitos de diálogo y conviviencia, compartiendo saberes sin otorgamiento de excesiva importancia personal. Y así caminamos.

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Contemplativo en acción | yelua@yahoo.co4m

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